El Foro KRISARE Foroa de 2026 finalizó con su ya tradicional clausura, que además de recoger el contenido de las ponencias, invita a cada persona a llevarse algo vivo, algo que transforme la mirada y el paso.
Este año, sin embargo, sentíamos que debíamos ofrecer más que un cierre… porque «hay momentos que no terminan cuando se apagan las luces ni cuando concluyen las palabras. Hay momentos que permanecen.«
Compartimos ambos textos, el que daba colofón al Foro y el que ofrecimos como expresión de «nuestro compromiso a seguir caminando lo mejor que podamos, como iglesia, como sociedad, como mundo, para mejor«.
Clausura del Foro
En las ponencias de ayer recibimos una invitación clara y profunda: recuperar la capacidad de escuchar y recuperar la capacidad de situarnos.
Escuchar para dejarnos afectar. Situarnos para no dejar a nadie en soledad.
Quizá ese sea el camino que se abre ante nosotros y nosotras:
crear espacios de silencio fértil en medio del ruido,
habitar las grietas con fidelidad y creatividad,
y convertir la indignación en cuidado, en palabra pública, en compromiso que sostiene la verdad.Que este foro no termine aquí.
Que algo de lo escuchado hoy siga resonando mañana.
Que algo de lo que nos ha tocado hoy se convierta en gesto, en decisión, en presencia.
Que no volvamos al silencio que condena, sino al silencio que escucha, que despierta y que transforma.Porque romper el silencio no empieza hablando:
empieza dejando que algo nos toque.Y algo nos está tocando.
Entre el grito, la verdad y la voz, se ha dibujado un mensaje común:
no podemos permitirnos la indiferencia.
Ni en la fe, ni en la memoria, ni en la democracia.Hoy hemos escuchado que nombrar bien el mundo es un acto de justicia.
Que recordar a las víctimas es un acto de humanidad.
Que alzar la voz es un acto de responsabilidad.
Que indignarse es un acto de amor.
Y que cuidar la democracia es un acto de esperanza.
y quizá, ese sea el legado de esta tarde:
que no estamos aquí para mirar desde lejos,
sino para ponernos en camino,
para mancharnos las manos,
para romper silencios,
para sostener la dignidad,
para cantar juntas y juntos, incluso cuando el mundo parece empeñado en apagar la música.Que este foro no termine en un aplauso, sino en un compromiso:
en seguir gritando cuando haga falta,
en seguir nombrando con verdad,
en seguir recordando con justicia,
en seguir cuidando la democracia,
seguir defendiendo la vida.Porque vale la pena —o mejor, la alegría— construir un mundo donde nadie sea descartada, descartado.
Hemos escuchado historias de migrantes que se ponen en camino porque no les queda otra;
de madres que transforman el dolor en lucha;
de personas presas que enseñan el valor del encuentro;
de niños y niñas que, incluso en medio del horror, siguen diciendo “gracias”.Hemos escuchado también el testimonio de quienes, desde Gaza, desde los márgenes del mundo, siguen afirmando su humanidad cuando todo alrededor parece negarla.
Y quizá esa sea la llamada que nos deja este foro:
volver a mirar, volver a nombrar, volver a sentir.
No permitir que el lenguaje nos robe la compasión.
No permitir que la distancia nos robe la fraternidad.
No permitir que el miedo nos robe la voz.Que este foro termine recordándonos que la humanidad no se hereda:
que se elige, se practica, se defiende.Y que cada palabra justa, cada mirada limpia, cada gesto de fraternidad,
es un pequeño acto de resistencia frente a un mundo que a veces parece empeñado en olvidar lo esencial.
Apoyo al texto «Nuestra diócesis de Vitoria: 10 años después»
Y así llegamos al final de esta IV edición del Foro KRISARE en Vitoria-Gasteiz. Pero hay momentos que no terminan cuando se apagan las luces ni cuando concluyen las palabras. Hay momentos que permanecen. Y este es uno de ellos. Estamos hoy aquí, hemos estado compartiendo este día y medio, todas y todos somos conscientes del problema que hay en la diócesis de Vitoria, se ha roto el silencio.
Esta misma semana hemos conocido la carta de 52 sacerdotes de la diócesis de Vitoria. Una llamada nacida desde la conciencia, desde la fidelidad a la gente y desde el coraje de quienes se niegan a guardar silencio ante lo que consideran injusto. Porque cuando se desprecia la voz de quienes hablan con honestidad, se hiere también la esperanza de toda una comunidad.
Pero la historia siempre ha demostrado algo: ninguna palabra de desdén puede apagar una verdad dicha con dignidad. Ningún intento de silenciar el diálogo puede detener a quienes siguen creyendo en una Iglesia humilde, cercana y valiente.
Hoy, desde este Foro KRISARE, queremos decir alto y claro que no están solos. Que su voz ha encontrado eco. Que su valentía honra a quienes creen que la fe no se construye desde el miedo, sino desde la fraternidad, la justicia y la reparación.
Porque callar puede ser cómodo. Pero hablar cuando otros prefieren el silencio es un acto de enorme grandeza.
Y mientras existan personas capaces de levantar la voz con honestidad y conciencia, seguirá habiendo esperanza.
Nuestra invitación es a seguir caminando en la búsqueda de una salida esperanzada, adoptar la bendición como estrategia para alcanzar un futuro en el que crecer como iglesia en Vitoria.
Mirémonos ahora unas a otros, reconozcamos, bien-digámonos… y, finalmente, traslademos quienes somos… más allá de quienes estamos hoy aquí. Con compromiso, con servicio, seguir caminando, lo mejor que podamos, como iglesia, como sociedad, como mundo, para mejor.
Especialmente a todos ellos, los sacerdotes de la diócesis de Vitoria… y también a tantas mujeres, y otros hombres, que dentro y fuera de la Iglesia sostienen y rompen silencios cuando hace falta:
¡Eskerrik asko, muchas gracias!.


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