Autor: Foro KRISARE Foroa

  • Más que un cierre para KRISARE

    Más que un cierre para KRISARE

    El Foro KRISARE Foroa de 2026 finalizó con su ya tradicional clausura, que además de recoger el contenido de las ponencias, invita a cada persona a llevarse algo vivo, algo que transforme la mirada y el paso.

    Este año, sin embargo, sentíamos que debíamos ofrecer más que un cierre… porque «hay momentos que no terminan cuando se apagan las luces ni cuando concluyen las palabras. Hay momentos que permanecen.«

    Compartimos ambos textos, el que daba colofón al Foro y el que ofrecimos como expresión de «nuestro compromiso a seguir caminando lo mejor que podamos, como iglesia, como sociedad, como mundo, para mejor«.

    Clausura del Foro

    En las ponencias de ayer recibimos una invitación clara y profunda: recuperar la capacidad de escuchar y recuperar la capacidad de situarnos.

    Escuchar para dejarnos afectar. Situarnos para no dejar a nadie en soledad.

    Quizá ese sea el camino que se abre ante nosotros y nosotras:
    crear espacios de silencio fértil en medio del ruido,
    habitar las grietas con fidelidad y creatividad,
    y convertir la indignación en cuidado, en palabra pública, en compromiso que sostiene la verdad.

    Que este foro no termine aquí.
    Que algo de lo escuchado hoy siga resonando mañana.
    Que algo de lo que nos ha tocado hoy se convierta en gesto, en decisión, en presencia.
    Que no volvamos al silencio que condena, sino al silencio que escucha, que despierta y que transforma.

    Porque romper el silencio no empieza hablando:
    empieza dejando que algo nos toque.

    Y algo nos está tocando.

    Entre el grito, la verdad y la voz, se ha dibujado un mensaje común:
    no podemos permitirnos la indiferencia.  
    Ni en la fe, ni en la memoria, ni en la democracia.

    Hoy hemos escuchado que nombrar bien el mundo es un acto de justicia.
    Que recordar a las víctimas es un acto de humanidad.
    Que alzar la voz es un acto de responsabilidad.
    Que indignarse es un acto de amor.
    Y que cuidar la democracia es un acto de esperanza.
    y quizá, ese sea el legado de esta tarde:
    que no estamos aquí para mirar desde lejos,
    sino para ponernos en camino,
    para mancharnos las manos,
    para romper silencios,
    para sostener la dignidad,
    para cantar juntas y juntos, incluso cuando el mundo parece empeñado en apagar la música.

    Que este foro no termine en un aplauso, sino en un compromiso:
    en seguir gritando cuando haga falta,
    en seguir nombrando con verdad,
    en seguir recordando con justicia,
    en seguir cuidando la democracia,
    seguir defendiendo la vida.

    Porque vale la pena —o mejor, la alegría— construir un mundo donde nadie sea descartada, descartado.

    Hemos escuchado historias de migrantes que se ponen en camino porque no les queda otra;
    de madres que transforman el dolor en lucha;
    de personas presas que enseñan el valor del encuentro;
    de niños y niñas que, incluso en medio del horror, siguen diciendo “gracias”.

    Hemos escuchado también el testimonio de quienes, desde Gaza, desde los márgenes del mundo, siguen afirmando su humanidad cuando todo alrededor parece negarla.

    Y quizá esa sea la llamada que nos deja este foro:
    volver a mirar, volver a nombrar, volver a sentir.  
    No permitir que el lenguaje nos robe la compasión.
    No permitir que la distancia nos robe la fraternidad.
    No permitir que el miedo nos robe la voz.

    Que este foro termine recordándonos que la humanidad no se hereda:
    que se elige, se practica, se defiende.

    Y que cada palabra justa, cada mirada limpia, cada gesto de fraternidad,
    es un pequeño acto de resistencia frente a un mundo que a veces parece empeñado en olvidar lo esencial.

    Apoyo al texto «Nuestra diócesis de Vitoria: 10 años después»

    Y así llegamos al final de esta IV edición del Foro KRISARE en Vitoria-Gasteiz. Pero hay momentos que no terminan cuando se apagan las luces ni cuando concluyen las palabras. Hay momentos que permanecen. Y este es uno de ellos. Estamos hoy aquí, hemos estado compartiendo este día y medio, todas y todos somos conscientes del problema que hay en la diócesis de Vitoria, se ha roto el silencio. 

    Esta misma semana hemos conocido la carta de 52 sacerdotes de la diócesis de Vitoria. Una llamada nacida desde la conciencia, desde la fidelidad a la gente y desde el coraje de quienes se niegan a guardar silencio ante lo que consideran injusto. Porque cuando se desprecia la voz de quienes hablan con honestidad, se hiere también la esperanza de toda una comunidad.

    Pero la historia siempre ha demostrado algo: ninguna palabra de desdén puede apagar una verdad dicha con dignidad. Ningún intento de silenciar el diálogo puede detener a quienes siguen creyendo en una Iglesia humilde, cercana y valiente.

    Hoy, desde este Foro KRISARE, queremos decir alto y claro que no están solos. Que su voz ha encontrado eco. Que su valentía honra a quienes creen que la fe no se construye desde el miedo, sino desde la fraternidad, la justicia y la reparación. 

    Porque callar puede ser cómodo. Pero hablar cuando otros prefieren el silencio es un acto de enorme grandeza.

    Y mientras existan personas capaces de levantar la voz con honestidad y conciencia, seguirá habiendo esperanza.

    Nuestra invitación es a seguir caminando en la búsqueda de una salida esperanzada, adoptar la bendición como estrategia para alcanzar un futuro en el que crecer como iglesia en Vitoria.

    Mirémonos ahora unas a otros, reconozcamos, bien-digámonos… y, finalmente, traslademos quienes somos… más allá de quienes estamos hoy aquí. Con compromiso, con servicio, seguir caminando, lo mejor que podamos, como iglesia, como sociedad, como mundo, para mejor. 

    Especialmente a todos ellos, los sacerdotes de la diócesis de Vitoria… y también a tantas mujeres, y otros hombres, que dentro y fuera de la Iglesia sostienen y rompen silencios cuando hace falta:

    ¡Eskerrik asko, muchas gracias!.

  • ¡Krisare no guarda silencio!

    ¡Krisare no guarda silencio!

    El pasado fin de semana, 8 y 9 de mayo, Vitoria-Gasteiz volvió a convertirse en un espacio de pensamiento crítico, espiritualidad comprometida y diálogo social gracias a una nueva edición del Foro Krisare, bajo un lema tan incómodo como necesario: “El silencio que condena”. Antes incluso del inicio oficial del encuentro, el Foro quiso abrir una puerta a las generaciones más jóvenes mediante la celebración de Gazte Foroa, una iniciativa que reunió a cerca de 250 jóvenes de cinco centros educativos para reflexionar sobre los silencios que atraviesan sus vidas y, de forma particular, sobre una realidad que conocen demasiado bien: el bullying. Fue una manera lúcida de recordar que el silencio no es nunca neutral y que, muchas veces, comienza en las pequeñas violencias cotidianas que terminamos normalizando.

    Durante dos intensas jornadas, voces provenientes del ámbito de la sociología, la teología, el periodismo, la justicia, la memoria democrática y la defensa de los derechos humanos fueron dibujando un diagnóstico común: vivimos en sociedades saturadas de ruido pero profundamente incapaces de escuchar. Un tiempo marcado por la aceleración, la polarización y la anestesia moral. Un tiempo en el que callar ante el sufrimiento ajeno termina convirtiéndose en una forma de colaboración con la injusticia.

    El sociólogo Imanol Zubero abrió el viernes proponiendo una reflexión sobre la diferencia entre el silencio fecundo y el silencio culpable. A partir de pensadores contemporáneos y de la tradición crítica, señaló cómo el sistema actual no necesita prohibir la palabra para neutralizar la conciencia: le basta con mantenernos distraídos, acelerados y emocionalmente agotados. El verdadero problema no sería tanto la censura como la incapacidad de escuchar y de dejarnos afectar por el dolor de los demás. Su análisis apuntó directamente a una cultura de la desatención que convierte el sufrimiento humano en una imagen más entre miles de estímulos consumidos sin tiempo para la compasión ni la responsabilidad. 

    Foro KRISARE Foroa - Carlos Gil

    A continuación, el teólogo Carlos Gil realizó un recorrido por los orígenes del cristianismo y por la figura de Francisco de Asís para plantear una pregunta radicalmente actual: cómo mantenerse fiel al Evangelio sin renunciar a denunciar la injusticia, incluso cuando esta nace dentro de las propias estructuras eclesiales. A través del célebre episodio entre Francisco y el dominico que le interpela sobre la obligación de denunciar al malvado, Carlos Gil mostró las tensiones permanentes entre profecía e institución, entre prudencia y verdad. Su intervención fue, en el fondo, una defensa de una Iglesia capaz de transformarse desde dentro sin renunciar a la fraternidad ni al coraje evangélico. 

    El sábado comenzó con la intervención de la teóloga Pepa Torres, que situó el debate en el marco de un mundo atravesado por la “pedagogía de la crueldad”, el capitalismo de guerra y el crecimiento de los fundamentalismos políticos y religiosos. Su análisis fue especialmente incisivo al denunciar una economía global que produce vidas descartables y alimenta la indiferencia social. Frente a ello, defendió la necesidad de construir comunidades capaces de resistir la lógica del individualismo y de recuperar la centralidad de los cuidados, la justicia social y la dignidad de las personas excluidas. Su mirada, profundamente arraigada en los barrios populares y en las periferias humanas, recordó que el Evangelio no puede separarse de la defensa concreta de quienes sufren. 

    Foro KRISARE Foroa - Paco Etxeberria

    El forense Paco Etxeberria aportó después una reflexión imprescindible sobre memoria, verdad y reconocimiento de las víctimas. Desde su experiencia en exhumaciones y procesos de memoria democrática, insistió en la diferencia entre indicio, evidencia y prueba, subrayando cómo muchas personas siguen siendo invisibles porque sus sufrimientos no han sido todavía reconocidos institucionalmente. Recordó que “sin memoria no hay futuro” y defendió la importancia ética y política de nombrar a las víctimas, identificarlas y devolverles dignidad. En tiempos donde algunos intentan banalizar la memoria democrática, su intervención fue una reivindicación de la verdad como condición indispensable para la convivencia. 

    Foro KRISARE Foroa - Manuela Carmena

    La exalcaldesa y jurista Manuela Carmena aportó una mirada marcada por la experiencia de la dictadura y la transición democrática. Reivindicó la libertad de expresión como “el oxígeno de la democracia” y alertó sobre el progresivo debilitamiento de los valores democráticos, la expansión de discursos crueles y el empobrecimiento del debate público. Carmena expresó una preocupación compartida por muchas personas presentes: la sensación de que la ciudadanía solidaria y compasiva existe, pero no encuentra espacios ni cauces para hacerse escuchar frente al ruido polarizador y el espectáculo político permanente. Frente a ello, llamó a “cuidar la democracia” como una tarea cotidiana y colectiva. 

    Foro KRISARE Foroa - Patuca Fernandez

    La abogada Patricia Fernández Rodríguez —conocida como Patuca Fernández— profundizó precisamente en el poder del lenguaje. Desde su experiencia acompañando a víctimas en contextos migratorios y de exclusión, mostró cómo las palabras pueden ocultar la realidad o revelar la injusticia. Denunció expresiones que deshumanizan —“menores extranjeros no acompañados”, “frontera sur”, “ilegales”— y defendió la obligación ética de nombrar correctamente las cosas para no incrementar el sufrimiento de quienes ya padecen la violencia. Su intervención recordó que el lenguaje nunca es inocente y que nombrar bien es ya una forma de justicia. 

    Cerró el Foro la periodista Teresa Aranguren con un estremecedor recorrido por décadas de conflictos en Oriente Medio y, especialmente, por la tragedia palestina. Su intervención fue un alegato contra el silencio mediático y la manipulación informativa que convierte las guerras en acontecimientos deshumanizados. Recordó cómo impedir la presencia de testigos y periodistas es una forma de garantizar la impunidad de la violencia. Frente a ello, defendió el deber ético del periodismo de identificar las fuentes, contextualizar los relatos y seguir hablando de Palestina para impedir que el silencio termine normalizando el horror. 

    De todas las ponencias emergió una convicción común: el silencio nunca es simplemente ausencia de palabras. Hay silencios que protegen, que permiten escuchar y comprender; pero hay otros que condenan porque legitiman la injusticia, invisibilizan a las víctimas y fragmentan la convivencia. El Foro Krisare quiso precisamente situarse frente a esos silencios culpables, reivindicando la necesidad de una palabra honesta, dialogante y profundamente humana.

    Y quizá esa reflexión tenga hoy una resonancia especialmente cercana en la propia Iglesia de Vitoria. Sin necesidad de estridencias o descalificaciones, el clima vivido en el Foro dejó entrever una sensibilidad ampliamente compartida hacia quienes, desde dentro de la comunidad eclesial, han expresado públicamente su dolor y preocupación por la creciente fractura que atraviesa la diócesis. La carta firmada recientemente por 52 sacerdotes, reclamando caminos de escucha, diálogo y restauración de la comunión, conecta profundamente con el espíritu que atravesó estas jornadas: la convicción de que el Evangelio no puede vivirse desde el miedo, el silencio impuesto o la descalificación mutua, sino desde la escucha sincera y la búsqueda humilde de encuentro.

    Porque, al final, el gran desafío que dejó planteado el Foro Krisare es precisamente ese: cómo seguir construyendo humanidad en medio del ruido, cómo mantener viva la compasión en tiempos de indiferencia y cómo recuperar una palabra que no sirva para herir o dividir, sino para sanar, denunciar la injusticia y abrir caminos de esperanza compartida.

    Publicado en Religión Digital (11 mayo 2026).

  • Ya va siendo hora de romper el silencio

    Ya va siendo hora de romper el silencio

    A pocos días de la celebración del Foro KRISARE en Vitoria-Gasteiz, los próximos 8 y 9 de mayo, su lema —“El silencio que condena”— interpela con una claridad difícil de esquivar. No se trata solo de una consigna sugerente, sino de una denuncia directa: hay silencios que pesan, que hieren y que sostienen injusticias. Silencios que, más allá de una opción que se puede considerar de cuidado a nivel individual, y lejos de ser neutrales, terminan posicionándose del lado de quienes tienen el poder.

    Vivimos en un tiempo donde el ruido es constante, pero eso no significa que haya más verdad ni más justicia. A menudo, el exceso de palabras convive con silencios profundos: silencios ante la desigualdad creciente, ante la precariedad estructural, ante el sufrimiento de quienes quedan en los márgenes. Silencios que no están hechos para acallar el foro interior, y escucharse, y escuchar… y que pueda brotar algo mejor y constructivo… sino esos silencios que no son casuales: que nacen del miedo, de la comodidad, o de una indiferencia aprendida que anestesia la conciencia.

    Romper esos silencios es, hoy, una tarea urgente

    Porque cuando callamos ante la injusticia, no solo dejamos de acompañar a las víctimas, sino que contribuimos —aunque sea de forma indirecta— a perpetuar las estructuras que las generan. La historia, tanto civil como eclesial, está llena de ejemplos donde el silencio de las mayorías permitió el avance de dinámicas profundamente inhumanas.

    En el ámbito cristiano, esta cuestión adquiere una densidad particular. La fe en un Dios encarnado no permite refugiarse en espiritualidades evasivas ni en discursos abstractos que ignoran la realidad concreta. Como recuerda la teóloga Pepa Torres —una de las ponentes de esta edición del Foro KRISARE— en su artículo de gran lucidez (“Conspirar”, 2021): 

    “La espiritualidad no es una terapia anti-estrés, sino que nos ubica en un horizonte habitado por un Dios solidario con las víctimas, (…)”.

    Esta afirmación desarma muchas coartadas. Si Dios está del lado de quienes sufren, el silencio ante su sufrimiento no puede justificarse como prudencia ni como neutralidad. Es, en el mejor de los casos, una desconexión; en el peor, una forma de complicidad.

    Pepa Torres va más allá al denunciar un problema de fondo en ciertos sectores eclesiales: la separación entre lo espiritual y lo material, entre la fe y la vida concreta. Ese dualismo —todavía presente— permite que se elaboren discursos elevados sobre la moral o la doctrina mientras se desatienden las condiciones reales en las que viven las personas. Y ahí, nuevamente, el silencio juega un papel clave: se habla mucho de algunos temas, pero se calla sobre otros que afectan directamente a la dignidad humana.

    No es difícil reconocer esta dinámica en nuestro entorno más cercano. En muchas ocasiones, los poderes eclesiales han asumido un papel de autoridad moral desde posicionamientos claramente conservadores, presentando como inmutables opciones que en realidad responden a contextos históricos y culturales concretos. Cuando lo humano se absolutiza y se reviste de divino, el margen para la crítica se estrecha, y el silencio se convierte en refugio para quienes no comparten esas posturas pero temen las consecuencias de expresarlo.

    En la diócesis de Vitoria, sin necesidad de entrar en polémicas estériles, se percibe un clima donde no pocas voces experimentan dificultad para ser escuchadas. Cuando la gobernanza se inclina hacia formas rígidas y poco dialogantes, el riesgo no es solo la división, sino la generación de un silencio denso, incómodo, que no nace de la comunión sino de la distancia. Y ese silencio, aunque no siempre visible, va erosionando lentamente el tejido comunitario.

    Sin embargo, no todo es resignación. Allí donde el silencio parece imponerse, surgen también pequeñas resistencias: comunidades que hablan, colectivos que se organizan, creyentes que —desde su compromiso con el Evangelio— deciden no callar. Es lo que la propia Pepa Torres sugiere cuando invita a “conspirar”, es decir, a tejer redes de cuidado, de justicia y de esperanza en medio de la crisis.

    Romper el silencio no significa gritar más alto, sino hablar con verdad. Implica asumir riesgos, sí, pero también abrir caminos. Significa poner palabras a lo que duele, a lo que incomoda, a lo que necesita ser transformado. Y hacerlo no desde la confrontación estéril, sino desde una fidelidad profunda al Evangelio, que nunca fue neutral ante la injusticia.

    Jesús de Nazaret no construyó su misión sobre el silencio cómplice. Su palabra fue clara frente a la hipocresía, firme ante la exclusión, cercana con quienes sufrían. Recuperar esa memoria no es un ejercicio piadoso, sino una exigencia ética.

    El Foro KRISARE puede ser, en este sentido, mucho más que un espacio de reflexión. Puede convertirse en un lugar donde ensayar esa palabra necesaria, donde compartir experiencias, donde reconocer silencios y empezar a transformarlos. Porque solo cuando el silencio se rompe, la injusticia empieza a tambalearse.

    Quizá la pregunta que queda flotando es sencilla, pero decisiva: ¿qué estamos callando hoy que no deberíamos callar? Y, sobre todo, ¿qué pasos estamos dispuestos a dar para que nuestra palabra —personal y comunitaria— deje de condenar y empiece, de verdad, a liberar? ¿cómo hacerlo?

    Nos vemos en el Foro…

    Publicado en Religión Digital (1 mayo 2026).

  • IV Foro KRISARE: El silencio que condena – Isilik geratzearen eragina

    IV Foro KRISARE: El silencio que condena – Isilik geratzearen eragina

    En tiempos de consignas estridentes y trincheras ideológicas, el silencio ya no es neutral: es una toma de partido. Cuando los totalitarismos —viejos o reciclados— y los fanatismos —religiosos, políticos o culturales— avanzan, rara vez lo hacen solo por la fuerza de quienes los impulsan; prosperan, sobre todo, por la comodidad de quienes miran hacia otro lado. Por eso hoy resulta más urgente que nunca reivindicar a quienes rompen el silencio. A quienes, cargados de razones y sin más escudo que su conciencia, se atreven a decir “no” cuando todo empuja al asentimiento.

    Pero sería un error reducir esa valentía a los nombres que ocupan titulares. La verdadera resistencia también se cocina cerca: en las oficinas, en los talleres, en las aulas, en los pasillos del hospital, en la parroquia, en una reunión de la comunidad del vecindario o en el comedor de casa. Personas normales y corrientes que, con humildad y sin épica, alzan la voz en su entorno: la trabajadora que denuncia una práctica abusiva aun sabiendo que puede costarle el puesto; el funcionario que se niega a firmar un atropello administrativo; la docente que no consiente el acoso en su clase; la sanitaria que planta cara a la deshumanización; la voluntaria que acompaña a quien nadie mira; el vecino que desactiva un comentario racista con datos y respeto. A veces esa voz se alza frente a jerarquías injustas —en la empresa, en la administración, en el ámbito eclesial— que confunden autoridad con imposición. Otras se expresa en actos sencillos del día a día: hacer lo correcto cuando nadie aplaude.

    En Vitoria-Gasteiz, hablar de silencio, miedo y dignidad tiene una resonancia especial. Cada 3 de marzo la ciudad recuerda lo ocurrido en 1976, cuando una asamblea de trabajadores en la iglesia de San Francisco de Asís (en el barrio obrero de Zaramaga) terminó en tragedia: cinco personas asesinadas por disparos policiales y decenas de heridas. Aquella jornada no es solo una fecha: es una herida y, a la vez, una brújula. Nos recuerda que hubo quienes se organizaron, hablaron y reclamaron derechos en un contexto de represión; y también que el silencio institucional prolonga el dolor de las víctimas. Recordar hoy esa efeméride no es un gesto ritual: es un compromiso activo con la verdad, la justicia y la memoria.

    Con esa memoria de fondo —y con la mirada puesta en los desafíos actuales— cobra especial sentido la cuarta edición del Foro KRISARE de Vitoria-Gasteiz, que bajo el título “El silencio que condena – Isilik geratzearen eragina” pone el foco precisamente en esa responsabilidad ética de no callar ante la injusticia. Y aquí conviene subrayarlo con claridad: las personas que encarnan en este artículo esa llamada a la razón y a la palabra valiente son, precisamente, las ponentes de esta edición del foro. Voces distintas, trayectorias diversas, un mismo hilo: la convicción de que la dignidad no se negocia y de que hay silencios que condenan.

    El sociólogo Imanol Zubero aporta una mirada imprescindible sobre convivencia, memoria y responsabilidad cívica. Su trabajo invita a pensar cómo las sociedades se fracturan cuando normalizan la indiferencia y cómo se recomponen cuando se hacen cargo de su propia responsabilidad colectiva.

    El teólogo Carlos Gil representa esa dimensión de la palabra que de la conciencia ética. Su reflexión insiste en una fe que no se repliega en la intimidad, sino que se compromete con la justicia y con los derechos humanos, sin maquillajes ni coartadas piadosas.

    La teóloga y activista Pepa Torres ha alzado la voz desde los márgenes, acompañando a colectivos vulnerables y reclamando una Iglesia menos temerosa, más inclusiva y más coherente. Su testimonio recuerda que también dentro de lo eclesial hay estructuras que necesitan ser interpeladas con valentía y ternura a la vez.

    El forense Paco Etxeberria ha hecho de la verdad un servicio público. Su labor, vinculada a la dignificación de víctimas y a la memoria histórica, demuestra que la ciencia no es neutra cuando se pone al servicio de los derechos humanos: puede ser una forma de justicia y de reparación.

    La exalcaldesa Manuela Carmena, con una trayectoria marcada por la defensa del Estado de derecho, encarna una manera de ejercer lo público sin caer en el grito ni en el sectarismo. En tiempos de atajos autoritarios, su voz insiste en lo esencial: garantías, humanidad, ética y diálogo.

    La abogada Patricia Fernández (Patuca), centrada en la defensa de los derechos humanos y de personas migrantes y refugiadas, encarna la valentía práctica: la que se ejerce en expedientes, fronteras, centros de internamiento, pasillos judiciales y acompañamientos discretos. Donde otros ven cifras, ella insiste en ver personas.

    Y la periodista Teresa Aranguren, con una larga experiencia en zonas de conflicto, ha contribuido a iluminar realidades que el poder preferiría mantener en sombra. Su mirada crítica sobre la guerra y la manipulación informativa subraya que el periodismo, cuando es honesto, también es una forma de resistencia.

    El Foro KRISARE, con este elenco de ponentes, no propone un mero ciclo de conferencias. Propone un espejo. Nos pregunta qué hacemos cada uno, cada una de nosotras con lo que vemos, con lo que sabemos, con lo que intuimos que está mal. Nos recuerda que la democracia no se defiende solo en los parlamentos, sino también en la vida diaria: en cómo tratamos al diferente, en cómo reaccionamos ante la mentira repetida, en si nos atrevemos a llamar a las cosas por su nombre. Y en una ciudad que cada año vuelve a mirarse en el 3 de marzo, esa pregunta tiene todavía más peso.

    La inscripción para esta cuarta edición ya está abierta y la invitación es clara: participar, escuchar, intercambiar ideas y salir de allí un poco menos dispuestos a callar cuando toque hablar. Todo indica que esta edición cuenta con un cartel de aúpa, seguramente de los más espectaculares hasta la fecha; pero incluso más allá del cartel, lo importante y decisivo será: qué hará cada asistente con lo escuchado. Porque siempre llega un momento en que la historia —la grande y la pequeña— nos pone delante la misma disyuntiva: el silencio que condena o la voz que sostiene la dignidad.

    Publicado en Religión Digital (5 marzo 2026).

  • Vencer el miedo para romper el silencio

    Vencer el miedo para romper el silencio

    El silencio es el aliado más eficaz de la injusticia. Permite que el poder, sostenido por la sombra y el miedo, actúe sin contrapeso. En un mundo dominado por un capitalismo despiadado que denigra a las personas, perpetúa la pobreza y pisotea los derechos humanos, romper este silencio no es solo un acto de valentía cívica, sino un imperativo ético y, para los creyentes, profundamente religioso.

    La aguda reflexión de la teología contemporánea nos ha señalado la raíz del problema. Como indica José María Mardones en el primer capítulo de su libro Matar a nuestros dioses, la vulnerabilidad y la incertidumbre son constitutivas del ser humano. Somos seres frágiles, susceptibles de ser heridos, y es de este temor a la herida o al extravío de donde brota el afán de poder. Miramos hacia el poder —político, económico o incluso religioso— para que nos proporcione la coraza que nuestra condición parece necesitar. En este sentido, el miedo es el origen y el sostén del dominio.

    El sistema capitalista actual es un maestro en la instrumentalización de este miedo. Nos paraliza con la amenaza del desempleo, la exclusión y la precariedad, logrando un silencio cómplice: el del trabajador explotado que no denuncia, el del ciudadano que ve la injusticia y se encoge de hombros. Este dominio se basa en la inmovilización de las conciencias.

    Sin embargo, en el núcleo de nuestra fe encontramos una fuerza incontenible que nos permite trascender el miedo e irrumpir en el silencio. Esta fuerza no nace de la autodefensa, sino de la compasión y la ética de la justicia, elementos centrales del mensaje bíblico.

    Si el poder que oprime se basa en el miedo, la fuerza que lo cuestiona y lo derrota nace del Amor Liberador. El profeta Isaías nos urge a la acción: «Aprender a hacer el bien, buscar la justicia, socorrer al oprimido, hacer justicia al huérfano, defender a la viuda» (Isaías 1:17). Este llamado es una invitación a sustituir el temor paralizante por la indignación creadora.

    La palabra dicha en voz alta es la herramienta clave. Romper el silencio es ejercer la palabra profética que nombra la realidad por su nombre: la explotación es un pecado social, la desigualdad es violencia. La palabra compartida desenmascara el poder y disuelve el miedo individual en la fortaleza colectiva.

    El Dios de Jesús, el que se revela en la vulnerabilidad y la impotencia de la cruz, no es un ser terrible que infunde temor: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor» (Juan 4:18). La fe adulta nos llama a imitar el valor de Jesús, quien confrontó las estructuras de poder de su tiempo: echó a los mercaderes del templo, denunció la hipocresía de los poderosos y eligió el camino de los últimos. Nuestro mayor miedo no debería ser el riesgo personal, sino el de ser infieles a esa identificación divina con los excluidos y oprimidos.

    Vencer el miedo al silencio es un acto de madurez espiritual y social. Es negarse a que nuestra fragilidad sea el cimiento de la dominación. Es transformar la cobardía en una valentía basada en el Evangelio, alzando la voz por la dignidad humana y desafiando a los ídolos de la riqueza y la opresión.

    ¡Que la palabra se alce y el silencio ceda ante la fuerza de la justicia!

    Publicado en Religión Digital (26 octubre 2025).

  • El silencio que también condena

    El silencio que también condena

    En tiempos donde la crispación política y social va en aumento, las personas cristianas —y particularmente las instituciones que se dicen herederas del mensaje evangélico— están llamadas a dar testimonio. No cualquier testimonio, sino uno que sea claro, valiente y encarnado en la realidad. Sin embargo, en muchos rincones de Europa, ante el ascenso del racismo, la xenofobia y los discursos excluyentes, lo que impera no es el compromiso, sino el silencio. Y ese silencio pesa.

    Una Europa tentada por el miedo

    La Europa del siglo XXI —que tantas veces se ha proclamado como bastión de los derechos humanos— está dejando grietas abiertas por las que se cuela, cada vez con más fuerza, un discurso de odio que se alimenta de la frustración y la precariedad. No es un fenómeno nuevo, pero sí se ha intensificado con una velocidad preocupante. Y lo que resulta más alarmante es que este discurso ya no es patrimonio exclusivo de partidos marginales: ha sido normalizado, blanqueado y traducido en leyes, restricciones y campañas que apuntan directa o indirectamente contra las personas que, por uno u otro motivo, se encuentran en situación de vulnerabilidad, en especial las migrantes.

    La política institucional, desgastada y a menudo más ocupada en la aritmética electoral que en la construcción del bien común, ha sido incapaz de generar respuestas sostenidas. En ese vacío, crecen los populismos de ultraderecha, que convierten el miedo en programa de gobierno. Su avance no habría sido posible sin la pasividad —cuando no la complicidad— de muchos actores políticos, mediáticos y sociales. Y entre estos actores, hay que decirlo con serenidad pero con firmeza, se encuentra también la Iglesia Católica.

    Silencios en lugares donde más duele

    En diversas localidades del sur de Europa, donde la población migrante constituye una parte fundamental del tejido económico y social —en especial en sectores como la agricultura o el cuidado de personas—, han tenido lugar recientemente concentraciones marcadas por tensiones, protestas agresivas y expresiones abiertas de odio. Lo más preocupante no ha sido solo la aparición de esos focos de violencia verbal o simbólica, sino la frialdad con la que se ha respondido desde instancias institucionales y eclesiales.

    Es en esos contextos concretos, donde la dignidad humana se ve vulnerada en la vida cotidiana, donde se esperaría una palabra clara, una homilía que consuele y denuncie, una parroquia que acompañe, un obispo que tome postura. Pero, en demasiados casos, lo que ha prevalecido ha sido la neutralidad o “algo peor” la indiferencia disfrazada de prudencia.

    ¿Dónde está la “opción preferencial por los pobres”?

    Desde el Concilio Vaticano II, y especialmente con la irrupción de la teología de la liberación, la Iglesia ha repetido que la opción preferencial por los pobres es una exigencia del Evangelio. Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han insistido en ello, aunque con tonos y acentos distintos. Pero si esa opción no se traduce hoy en una defensa clara de las personas cuando migramos —que son algunas de las situaciones de mayor empobrecimiento, persecución y desprotección de nuestro tiempo—, ¿dónde queda su coherencia?

    El Evangelio no habla de tolerancia tibia, sino de hospitalidad radical: “Fui forastero, y me recibisteis” (Mt 25,35). La acogida no es una opción decorativa, sino una dimensión esencial del seguimiento de Jesús. Y esto debería tener consecuencias visibles en la vida de las comunidades cristianas, en sus posicionamientos, en sus intervenciones públicas.

    La voz ausente

    Durante el pontificado del papa Francisco, hubo momentos en los que Roma habló claro. “No se trata solo de migrantes”, decía el lema de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2019, una campaña cargada de profundidad teológica y política. Francisco señaló una y otra vez que el problema de fondo es la insensibilidad que nace del egoísmo, la idolatría del mercado, la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. Pero esos gestos proféticos han perdido fuerza en los últimos tiempos.

    El nuevo Papa —más reservado, más institucional, menos inclinado a los gestos audaces— no ha asumido hasta ahora una posición clara y sostenida sobre este tema. Su lenguaje es más diplomático, menos confrontativo. La preocupación por la unidad eclesial y la prudencia pastoral parecen haber eclipsado la denuncia profética. Y así, mientras comunidades migrantes son atacadas, mientras se multiplican los discursos que los presentan como amenaza, mientras se cierran puertas y se levantan muros —reales y simbólicos—, la Iglesia calla.

    Una red con capacidad para transformar

    La Iglesia tiene una red inmensa. Está presente en casi todos los municipios de Europa. Tiene púlpitos, micrófonos, colegios, centros de acogida, y sobre todo, personas comprometidas. No se le puede exigir que lo haga todo, pero sí se le puede —y debe— pedir que no se desentienda. Porque cuando el mensaje que llega desde muchas parroquias es la neutralidad, o incluso el miedo al “otro”, se traiciona al Evangelio y también a la vocación humanista que ha forjado lo mejor de la cultura europea.

    No se trata de hacer política partidista. Se trata de defender principios evangélicos y humanos: la dignidad, la justicia, la fraternidad universal. Los valores del Reino de Dios, en definitiva.

    Verano, tiempo de definiciones

    Quizá el verano no sea el momento más propicio para grandes debates, pero sí puede ser el tiempo del examen de conciencia. ¿Qué Iglesia queremos ser? ¿Una que acompaña el malestar del pueblo desde una mirada de esperanza y solidaridad, o una que deja pasar el odio disfrazado de preocupación social?

    Desde el Foro KRISARE, creemos que aún estamos a tiempo. Pero para ello, la Iglesia —toda ella: jerarquía, clero, laicado— debe romper el silencio y levantar la voz. No por estrategia, sino por fidelidad. No por moda, sino por fe.

    Os deseamos un buen verano…

    Publicado en Religión Digital (26 octubre 2025).

  • Rotas pero enteras, Rotos pero enteros…

    Rotas pero enteras, Rotos pero enteros…

    Estamos a muy pocos días de que dé comienzo el Foro KRISARE Foroa de Vitoria-Gasteiz que tendrá lugar los días 4 y 5 de abril, un espacio que en esta, su tercera edición, pretende sumergirnos en los cauces de esperanza que nos encaminan hacia una sanación integral tras una herida sufriente… Queremos presentaros el programa completo del Foro para, como nos trasmite el milenario arte oriental del  Kintsugi,  tratar de ser una herramienta que facilite procesos personales y comunitarios de transformación, mostrando las heridas que generan los conflictos y, mediante un proceso de reparación, hacer visibles y remarcar las cicatrices, de tal manera que hagamos aflorar la fortaleza que se desprende del simple hecho de mostrar nuestras cicatrices con dignidad. Con esta premisa filosófica os lanzamos un programa dividido en dos jornadas, donde la escucha, la reflexión, el encuentro y también el diálogo, se darán la mano bajo el techo del Palacio de Congresos Europa de Vitoria-Gasteiz.

    La tarde del viernes 4 de abril abrirá el Foro el Teólogo Galo Bilbao Alberdi, profesor en la Universidad de Deusto, donde imparte docencia en el campus de Bilbao, y es miembro integrante de su Centro de Ética Aplicada, con la ponencia marco: «Reconciliación. Una alternativa radical y evangélica». Le seguirá Joseba Eceolaza Latorre, quien es escritor, activista y político miembro de “Gogoan Memoria Digna”, que nos adentrará en los movimientos sociales que surgieron en la búsqueda de la paz durante el conflicto vasco que padecimos durante más de 50 años, y lo hará con la ponencia: “Aportaciones desde la sociedad movilizada para construir la paz y reconstruir la convivencia”.

    Juan José Tamayo, en el Foro Krisare
    Juan José Tamayo, en el Foro Krisare Foro Krisare

    El sábado 5 de abril dedicaremos toda la mañana a temas relacionados con nuestra Iglesia, buscando referencias restauradoras que nos ayuden a superar los vergonzosos episodios de abusos de toda índole que hemos sufrido y sufrimos. El sacerdote diocesano de Bilbao, y catedrático emérito en la Facultad de Teología del Norte de España (Sede de Vitoria), así como también miembro de Cristianisme i Justícia, Jesús Martínez Gordo, abrirá la mañana con la sugerente ponencia “Cómo superar los abusos en la Iglesia: Del poder unipersonal a la autoridad evangélica”. Seguidamente, la Profesora y Teóloga Nurya Martínez-Gayol Fernández nos dará luz desde el trabajo que la Compañía de Jesús, en el proyecto Jordán, llevan a cabo con la muy reveladora ponencia titulada: “La investigación y el acompañamiento para transitar el sufrimiento, responsabilizarse y caminar hacia un horizonte de esperanza”. Por último, y para cerrar la mañana del sábado, el Profesor Titular de Psicología Clínica en la Universidad Pontificia de Comillas, Rufino José Meana, nos dará una serie de claves como cierre del bloque con su ponencia: “El acompañamiento espiritual y los abusos de poder y de conciencia”.

    La tarde del sábado 5 de abril, que siendo el último espacio del Foro es tanto o más interesante, lo hemos dedicado a los conflictos internacionales que tanto sufrimiento nos traen en estos días. El profesor de Historia contemporánea Víctor Amado Castro, en su calidad también de observador internacional en Oriente Medio, nos arrojará luz sobre los convulsos escenarios geopolíticos que estamos viviendo en la actualidad en su ponencia: “La dificultad de construir la Paz. Entre la realidad y el deseo en la gestión internacional”. Le seguirá Carmen Magallón Portolés, que entre 2011 y 2019 fue presidenta de la “Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad”, y desde el 2019 Presidenta Honoraria con un alegato imprescindible plasmado en su ponencia “Urge amplificar las voces de Paz: Desde la historia hasta la actualidad”. Después, Manu Arrue Atxalandabaso, jesuita del centro Loyola, nos brindará en el marco de Las Escuelas de Perdón y Reconciliación -Proyecto ESPERE- una propuesta vivencial para la elaboración del perdón, el alivio y la restauración personal y comunitaria, como colofón final y cierre de esta nueva edición del Foro KRISARE 2025.

    Estamos seguras de que este tercer Foro es de un gran calado emocional, tocando asuntos que nos cuestionan y que nos generan dolor, pero lo abordamos ilusionadas en la búsqueda de la Esperanza que nos señala el Santo Padre en este Año Jubilar, deseando ser instrumentos de su Paz.

    Publicado en Religión Digital (17 marzo 2025).

  • ‘Rotos, rotas… pero enteras’:

    ‘Rotos, rotas… pero enteras’:

    El próximo Foro Krisare, sobre la reconciliación y la búsqueda de la paz

    Arrancado el curso que nos ocupa, ya metidos en harina, en faena, quisiéramos presentaros y compartir una pequeña reflexión sobre todo aquello que nos mueve de cara al próximo Foro Krisare, “ROTOS PERO ENTEROS” que tendrá lugar en el Palacio Europa de Vitoria-Gasteiz, los días 4 y 5 de Abril (viernes y sábado) de 2025. El objetivo es «profundizar, dialogar, discernir sobre los diversos procesos de reconciliación y búsqueda común de la Paz» procesos vividos y que estamos viviendo en las realidades y conflictos de diversos signos en nuestro día a día.

    Desde siempre me ha gustado entrar en mis reflexiones haciendo antes una incursión en el propio Diccionario para basarme en la definición de lo que voy a tratar; Reconciliación: Recuperar un estado previo, positivo, traumáticamente quebrantado. Conflicto: Choque o enfrentamiento entre sentimientos, ideas, intereses o fuerzas opuestas. Resolución de conflictos: es la manera como dos o más individuos, u organizaciones encuentran una solución pacífica a los desacuerdos que enfrentan.

    Pues bien, ante este panorama que vivimos es sobre lo que vamos a tratar, conocer, pensar, reflexionar y discernir en el próximo Foro Krisare. Estoy convencido que en el fondo es y se trata de un tema de VALORES. Sí, valores de humanidad, de fe, de espiritualidad, de compromiso… que nos han llevado a vivir estas situaciones sin tenerlos asumidos en profundidad y, desde luego, sin una verdadera convicción.

    Estoy escribiendo esta reseña a finales de este mes de Octubre. Precisamente el martes día 22, cumplidos ya 96 años, «volaba hacia la Luz infinita» Gustavo Gutiérrez. Quien definió la teología como «reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra», como teología de la transformación liberadora de la historia de la humanidad. Una espiritualidad liberadora y de compromiso social, contemplación y acción, amor universal y opción preferencial por las personas y los colectivos empobrecidos.

    En este mismo mes de octubre, unos días después, se daba por concluido el Sínodo. ¿Y ahora qué?. Estamos en la hora de comprometernos con la vida y el trabajo por la verdad, el amor y la justicia ética y social. Como apunto el Papa Francisco «No necesitamos una Iglesia paralizada e indiferente, sino una Iglesia que recoge el grito del Mundo y se ensucia las manos para servirlo y amarlo», o como mantenía Ignacio de Loyala «En todo Amar y Servir».

    “El Amor es el significado último de todo lo que nos rodea. No es un simple sentimiento, es la verdad, es la alegría, es el cuidado que está en el origen de toda la Creación y la Vida”. (Rabrindanath Tagore, Filósofo Indio (1861 – 1941).

    A modo de conclusión, necesitamos ser siempre testigos del Evangelio, Tener y vivir una espiritualidad con los ojos abiertos, una espiritualidad liberadora y de compromiso ético y social, contemplación y acción, amor universal y opción preferencial por las personas, los colectivos empobrecidos y la Tierra. Ante un sistema que el propio Papa Francisco define como «la globalización de la indiferencia».

    ¡Cuidaros mucho para así poder amar y cuidar a TOD@S!

    Nos vemos en el Foro…

  • Mónica Díaz Álamo: «El camino sinodal nos puede ayudar a avanzar, no solo a las mujeres, sino a toda la Iglesia Pueblo de Dios»

    Mónica Díaz Álamo, quién participará como ponente en el próximo Foro KRISARE Foroa “Demokrazia: ¿Derechos Humanos en juego?”que tendrá lugar los días 14 a 16 de marzo en el Palacio de Congresos Europa de Vitoria-Gasteiz, nos guiará con su conferencia «Sinodalidad o viajar en común, una práctica que plenifica los Derechos Humanos». Este Foro está promovido por personas cristianas que necesitamos poder ir más allá, poder ensanchar nuestra tienda para seguir creciendo y desarrollando una Iglesia diversa, plural, feminista, insertada en la sociedad y en el mundo actual.

    De la mano de Mónica, en este 8 de marzo, invitamos a reflexionar, reivindicar e implicarnos por los derechos de la mujer en la Iglesia. Licenciada en Sociología y en Teología Fundamental se encuentra actualmente realizando el doctorado en Teología en la línea de investigación: «Espiritualidad en el ámbito público», en la Universidad de Deusto. Es profesora de la titulación DECA (Declaración Eclesiástica de Competencia Académica) en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Ha editado junto con María Belén Brezmes: «¿Eres tú o esperamos a otro? La salvación en la que creemos las mujeres» y ha publicado el libro «El carisma profético en la Iglesia de hoy. Madeleine Delbrêl y Oscar Romero». Es miembro de la Junta Directiva como vicepresidenta de la Asociación de Teólogas Españolas (ATE), y a su vez participa en la Revuelta de mujeres en la Iglesia de Madrid y Bilbao, y en el movimiento internacional Catholic Women Council.

    ¿Qué está aportando este camino sinodal al lugar que tenemos las mujeres en la Iglesia?

    El camino sinodal parte de la común dignidad de varones y mujeres hechos a imagen y semejanza de Dios y reconoce la misma dignidad bautismal y la variedad de los dones del Espíritu (cf. Ga 3,28). Este camino nos hace ver que es necesaria una renovación de las relaciones y de cambios estructurales, porque reconoce la diversidad de situaciones y de las injusticias que sufren muchas mujeres en el mundo; además, propone y anima a escuchar y acompañar a las que peor lo están pasando; a que las mujeres participen en las decisiones y en la asunción de roles de responsabilidad en el cuidado pastoral y el ministerio; así como a seguir avanzando para solventar la discriminación que viven en la Iglesia. Creemos que este modo de caminar nos puede ayudar a avanzar, no solo a las mujeres, sino a toda la Iglesia Pueblo de Dios.

    Si podemos entender que la sinodalidad es una invitación a caminar junt@s, a vivir conjuntamente, ¿qué actitudes debemos desarrollar o fomentar para llevar a cabo esta invitación? ¿no te parece que en este momento hay voces de mujeres en la iglesia pero no hay votos?

    En una Iglesia sinodal debemos escuchar juntos la Palabra de Dios, reconociendo la gracia de la palabra que todos los miembros del Pueblo de Dios tenemos y trabajar nuestras relaciones para transformarlas. Además, una Iglesia sinodal supone trabajar la humildad dejando espacios a las mujeres para que puedan participar y liderar, no por su sexo, sino porque tenemos distintas inteligencias y habilidades que podemos poner al servicio del Reino y enriquecer la diversidad de dones dentro de la Iglesia.

    La sinodalidad es tratar de construir una eclesiología de comunión o, en consonancia con la Laudato si (137-162), una comunidad ecológica integral comprometida que respete la autonomía de las personas y reconozca diferentes liderazgos para hacer posible una “saludable descentralización” a la que apunta el papa Francisco (Evangelii Gaudium 16).

    ¿Qué papel crees que jugarán, o deberían jugar, de aquí en adelante las mujeres dentro de la Iglesia teniendo presente de modo efectivo los DDHH? “¿Quién ha de mover la piedra del sepulcro?” (Mc. 16, 3), ¿cuáles van a ser las piedras más difíciles de mover en la Iglesia? ¿en nuestras Diócesis? ¿en nuestras comunidades? ¿en nosotras mismas?

    La Iglesia, y las mujeres como bautizadas, debe practicar la equidad desde este camino sinodal emprendido y también desde la práctica del respeto a los derechos humanos. Equidad supone: valorar a cada persona desde su singularidad, aceptando la diversidad de experiencias de fe y de manera de expresarlas; tratar equitativamente a los miembros de la comunidad valorando las vocaciones diferentes, las capacidades y abogando por la igualdad de oportunidades, ejerciendo liderazgos desde el principio de autoridad en la comunidad.

    La sinodalidad supone viajar juntos y en el modo de hacerlo está también el reto que, como Iglesia Pueblo de Dios, tenemos porque en este viaje, no solo debemos reconocer la dignidad de todos y cada uno de los miembros, o las diferentes sensibilidades dentro de la Iglesia, sino también, saber que no todos viajamos del mismo modo: unos y unas lo hacen en avión, otros y otras en coche y muchos y muchas andando. Planteo esta comparación para ser conscientes de la diversidad de situaciones y problemáticas de las cristianas y cristianas en el mundo, lo que condiciona nuestra manera de viajar en esta Iglesia sinodal.

    Invitamos a revisar la continuación de la cita bíblica Mc. 16, 4. Y seguimos, para la sociedad los DDHH son un referente. Sin embargo ¿realmente lo son para quienes gobiernan, los son para la clase política, los son para la Iglesia?

    Los derechos humanos son un referente válido para construir un mundo más justo y humano, sin embargo, debemos de ser conscientes que existen estructuras de pecado que condenan a una gran parte de la humanidad a la pobreza y la miseria y convierten los derechos, no en una ética de mínimos que todos deberíamos respetar, sino en un horizonte al que tenemos que tender siendo conscientes de las dificultades, no solo sociales y estructurales, sino también, personales porque respetar los derechos humanos de todas las personas pasa también por cuestionar los privilegios de los que disfrutamos muchos y muchas.

    ¿Qué opinas del Foro KRISARE Foroa?

    El foro es una invitación a reflexionar, escuchar y dialogar que nos ayuda a construir una Iglesia sinodal en nuestro ámbito más cercano, y a poner nuestro grano de arena en el trabajo por un mundo más justo y humano que haga realidad el respeto a los Derechos Humanos.

  • El segundo Foro KRISARE, ‘Democracia, ¿derechos humanos en juego?’, ya está aquí

    El segundo Foro KRISARE, bajo el título “Democracia, ¿derechos humanos en juego?”, ya está aquí, en Vitoria-Gasteiz, los días 14-15 y 16 de marzo de 2024. Hombres y mujeres jóvenes, con responsabilidades profesionales y familiares, enraizados en la ciudad desde el cristianismo y el compromiso cívico y social, impulsan esta asociación, KRISARE, y el foro que en primavera reunirá a cientos de asistentes en el Palacio de Congresos de Vitoria-Gasteiz.

    Como fuera que heredan el impulso de lo que durante muchos años apareció en la ciudad como Foro Religioso Popular, KRISARE concreta una renovada manera de comprometerse con sus dos inquietudes: hacer de la ciudad un espacio de libertad y justicia, y hacerlo como ciudadanos y cristianos, en una simbiosis indisoluble y vivida sin complejos. De hecho, a la condición de mujeres y hombres jóvenes añaden el empeño de ser protagonistas en la vida de la ciudad, asumiendo esa realidad como la casa de todos; y esto desde la condición de hombres y mujeres claramente cristianos en sus referencias para la vida; son laicos por su condición personal -no son clero ni lo van a ser- y laicos en su moral civil, es decir, en la moral de los derechos humanos fundamentales de todas las personas; están convencidos de que esa ética se puede compartir entre todos los agentes sociales que trabajan por la democracia de los iguales en derechos y deberes; por supuesto y primero, a partir de las personas y grupos sociales más desprotegidos. Con todos y para todos, desde los últimos. 

    Como todo movimiento y empeño cívico nacido en las instituciones sociales más asentadas y reconocidas, sean las Ciudades y los Estados, sean las Iglesias y las Religiones, KRISARE representa una ciudadanía que asume la democracia para devolverla a su sujeto propio -de todos, con todos y para todos- y verificarla en  su pleno significado -respetar y cuidar todas las dimensiones de la dignidad humana en solidario-.

    Toda la reflexión y acción de KRISARE, la que realiza y a la que convoca, la que desea, con sus limitaciones naturales, opera como compromiso con la dignidad de todos y todas (la justicia) y el cuidado que tantas situaciones humanas inaceptables nos reclaman (solidaridad). Y no es que la democracia limitada y elitista que tantas veces reconocemos cerca sea despreciable, pero su crecimiento hacia abajo (los últimos y empobrecidos), hacia los lados (las periferias de la vida social) y hacia arriba (poder transparente, participado y evaluado) para estos ciudadanos es una tarea apremiante. Complicarse la vida en ella está lleno de sentido. Hacerlo desde los últimos, una necesidad.

    En está lógica resulta muy razonable convocar a una reflexión sobre la democracia contemporánea y ver si nuestras realizaciones han dejado de crecer, más aún, si están retrocediendo en lo que es el corazón del sistema social: los derechos humanos de la dignidad de todas y cada una de las personas, y de las personas en los pueblos y culturas, y de las personas más ignoradas en las leyes y más aplastadas en los silencios nuestros de cada día (la mujeres, los niños, los migrantes… las víctimas de cualquier relación injusta encubierta por las naciones, los estados, la propiedad, los mercados, las religiones, las ideologías… la enfermedad, la raza, la cultura…).   

    Es imposible hacerse cargo de todos los detalles de la propuesta de KRISARE en su Foro y en la concepción ética y social que alimenta su empeño. El conjunto de ponencias y diálogos de su próximo encuentro apuesta por recoger aquellos mimbres de la democracia donde esa palabra más claramente se pierde, y donde encubre un reguero de víctimas cerca o lejos; y es que la Tierra es única, nuestra casa común, por más que olvidemos a menudo que el sufrimiento de muchos facilita nuestro disfrute. Piensen en África, por ejemplo.

    ¿De qué hablamos, por tanto, al decir KRISARE, al decir el nombre de las mejores asociaciones cívicas por una democracia en solidario? Hablamos de un signo de los tiempos; en cristiano, es un signo de la cultura del bien común del tercer milenio -con todos, de todos, para todos- y, más profundamente, un signo de los tiempos del camino de Dios queriendo crecer en la historia cotidiana de la gente -al modo de Jesús de Nazaret y según su fe-. Son un signo de los tiempos de cómo el bien concreto quiere rehacer una y otra vez el corazón de cada persona y la historia misma del mundo. La ciudad y el cristianismo en el que se reconocen estos grupos deben sentirse satisfechos sin tapujos y disculpas con ellos; siempre críticos y alternativos, pero fieles a la pregunta religiosa por excelencia, ¿qué es de tu hermano?”, y a la misma pregunta en clave laica, ¿quién es tratado indignamente como persona?

    Muchas otras interpelaciones hemos de presentir en estas iniciativas sociales. No es la menos verdadera que la ciudad, las instituciones sociales y las iglesias están plagadas de voces sin apenas eco. Pero que el eco sea débil no procede de su desacierto, sino más bien del formalismo calculado que los grupos de poder imprimen a sus declaraciones de derechos. Si te animas a callar y obedecer, si te formas para el liderazgo economicista, si aceptas sin reserva que te ha tocado el lado bueno de la historia… y allá cada cual…, ya no hay mucho que añadir. El paso siguiente es “yo no sé”, y cuando sabes algo, “yo no puedo hacer nada”, y cuando puedes, “yo no tengo la culpa”. 

    Bien, nadie es perfecto, nadie lo pretende decir, menos aún estos grupos de concienciación y lucha social democrática, pero sin ellos las ciudades y las iglesias son mucho menos humanas. Y si alguien no es humano, mal puede intentar ser cristiano. Paz y bien.